martes, 18 de diciembre de 2012

SUBIENDO AL CANTU BUSTIELLU


Oli iniciando el descenso desde el Cantu Bustiellu
Siguiendo con la actual filosofía que rige las últimas salidas de Ciclando Asturias, hemos decidido, nuevamente para esta ocasión, seguir caminos por los que nuestras monturas no hubiesen pasado todavía.

Por este motivo y, después de una consulta rápida en google maps, arrancamos a las 9.30 de la mañana en dirección al "CANTU BUSTIELLU".

El inicio de la ruta fue, una vez más, por la senda que baja hasta la Manjoya. En este punto, nos desviamos a la izquierda para ir subiendo hasta el Castillo de la Zoreda y después bajar, en rápido descenso hasta Soto de Rivera.
En grupo en la aldea de Tellego.

Nuestra intención era subir al pueblo de Tellego, para lo cual teníamos dos posibilidades.  Subir por rampa inhumana desde Mantequerías Arias, o hacerlo por la carretera.

En esta ocasión y sin que sirva de precedente, lo hicimos por la ruta asfaltada.

Vistas desde Tellego

A partir de esta población, continuamos nuestro ascenso girando a la derecha y pasando por delante de Casa Cristina, donde seguramente muchos de los que leáis estas líneas habréis disfrutado de una buena comida..

Este tramo todavía se realiza por camino asfaltado, pero al carecer por completo de tráfico y al discurrir entre arbolado, resulta muy agradable de ciclar.

Oli, Fernando y Pedro ajustando el cambio

En ningún momento la carretera nos da un respiro y una rampa sucede a otra. Sin embargo, el horizonte se fue ensanchando a nuestros pies y pudimos disfrutar de esplendidas vistas.
Pedro después de pasar la aldea de La Mortera


El siguiente pueblo al que nos acercamos fue La Mortera y en este lugar nos surgieron las primeras dudas, pues existía la posibilidad de elegir entre varios caminos.

Sin embargo,  y como muy bien apunto Javi, "el paisano" dijo que teníamos que seguir todo recto hasta encontrar una pista que pusiese "La Iglesia".

Así que, siguiendo las indicaciones obtenidas en nuestro GPS, continuamos adelante sin que surgiera ninguna otra duda.

Pero sólo tuvimos que llegar  a la siguiente aldea, para confundirnos de camino y dar un pequeño rodeo.



Circulando ya por la pista que sube al Cantu Bustiellu.
Después de coger bastante altura, abandonamos definitivamente la carretera y comenzamos una   fuerte subida. Al principio, la pista era de tierra bien pisada y, aunque presentaba muchos regueros hechos por el agua de las abundantes lluvias caídas los días anteriores, se ciclaba sin muchas dificultades.
Javi y Pedro haciendo de Sherpas

Este incio de pista, ya nos subió las pulsaciones y nos aceleró el ritmo de la respiración. Sin embargo, lo que se nos venía encima era mucho peor.

La pista de tierra dio  paso a un terreno hormigonado y de alguna de nuestras gargantas salió un... "mal asunto".

Y... efectivamente, las rampas se hicieron inhumanas, pero no sólo por la pendiente, si no por que el terreno estaba completamente mojado y lleno de musgo.

Así que uno tras otro fuimos echando pie a tierra y a empujar la bicicleta. No obstante quedamos emplazados para el verano y otro gallo nos cantará.
Javi, Pedro, Oli y Fernado tras superar la portilla de acceso al Cantu Butiellu



Esta tremenda cuesta de hormigón, finaliza en una portilla de madera que, como suele ser habitual en muchos puertos de la geografía asturiana, sirve para "tornar" al ganado que está en el monte y evitar que se vuelva para la cuadra.
En primer plano Cantu Bustiellu. Detrás el Monsacro y la Sierra del Aramo










A unos cien metros de este enclave, se abrieron ante nosotros una vistas espectaculares.

Hacia un lado se veía El Monsacro y La Sierra del Aramo e incluso, fijándose un poco, podíamos adivinar una de las famosas capillas que vigilan esos montes.

Y hacia el otro, veíamos la zona de Bueño, Vegalencia, Soto de Rivera y al fondo... Vetusta.
Javi inciando el descenso desde Cantu Bustiellu  hacia Sardín



Estuvimos disfrutando un buen rato de este bonito lugar y tras un poco de hidratación iniciamos un largo descenso por un camino que tuvo de todo.

Al principio bajamos por terreno herboso y casi seco (una maravilla), un poco más adelante terreno herboso y pedregoso (para mejorar la técnica), luego "piedras y barro" (perfecto para ejercitar los sentidos), también algo de hormigón resvaladizo (para practicar el equilibrio) y al final SARDÍN, bonito pueblo al que llegamos después de una gran bajada.
Capilla de San Antonio de Sardín.

Nada más llegar a esta población, nos encontramos con la Capilla de San Antonio.

Esta Capilla,  pertenece a la casona de Hevia Ponte. Destaca por estar elevada en altura sobre un zócalo de piedra. Es de nave única con pórtico, que se apoya en dos columnas, posiblemente reaprovechadas, ya que no son pareja. En el interior encontramos el escudo de la familia y enfrente se puede ver "el texu".
Componentes de Ciclando Asturias sujetando "El Texu" de Sardín.
La parada en esta bonita población nos sirvió para avituallarnos, hidratarnos y echar unas risas. Sin embargo teníamos que continuar pues alguno de nosotros tenía que llegar a su puesto de trabajo. Por este motivo y, aunque nuestra intención era llegar a Padrún para visitar su mina abandonada, tuvimos que coger una desviación a la izquierda que nos metería de nuevo en una preciosa bajada hasta la senda que une Olloniego con Soto de Rey.

Fernando y Pedro superando  el último tramo de descenso.



Pero antes tuvimos que atender una pequeña avería en forma de pinchazo que tuvo Fernando en su rueda delantera. Aunque a decir verdad, en esta ocasión, fue suficiente con un inflado, pues para eso llevamos cámaras de gel.


Durante este largo descenso ciclamos, de nuevo, por terrenos de distinta dificultad que hicieron que extremáramos las precauciones, pudiendo disfrutar,en la ultima parte de esta bajada, con una sucesión de curvas de más de 180 grados muy divertidas.

Fueron más de 30 minutos de descenso continuado que hicieron las delicias del grupo.

Fin de la bajada. Llegando a la senda que une Olloniego con Soto de Rey





A partir de aquí, entrábamos de nuevo en terreno conocido: Ruta siguiendo el rio, llegada a Soto de Rey. ciclar hacia Bueño para desviarse hacia la Manjoya, pero antes...

A reparar el pinchazo que tenía Fernando en su rueda delantera.

Aquí unos amigos pegando unos parches. Je, je.
Así que después de tener todo desmontado procedimos a sustituir una cámara por otra.

Pero....horror, ¡¡¡la cámara "nueva" tenía un pinchazo mayor que la que queríamos sustituir!!!

¡Menos mal que tembién llevabamos parches! Je, je.



Bueno, al final todo solucionado y en pocos minutos de vuelta en Oviedo.


¡¡¡¡No vemos la próximaaaaa!!!!





martes, 11 de diciembre de 2012

DETRÁS DEL CABO NOVAL

Berti y Chus ciclando entre eucaliptos
Esta vez, elegimos para ciclar una zona que, a pesar de estar muy cercana a Oviedo, tenemos muy poco frecuentada. Concretamente, en esta salida recorrimos caminos y pistas que rodean el acuartelamiento Cabo Noval y el campo de golf de la Barganiza.

Como ya es tradición, la hora de salida quedó fijada para las nueve y media de la mañana y, en el lugar de siempre aparecimos Berti, Fernando Penin, Fernando, Laura, Jonathan, Julia, Chus y yo mismo.

Fernando P., Chus, Laura, Jonathan, Fernando, Julia y Berti.
La salida la hicimos por carretera hacia La Corredoria y, aunque podíamos haber salido por el Naranco, preferimos hacerlo de esta forma pues era la manera más rápida de coger los primeros caminos ciclables.

Nada más pasar La Corredoria y ya cerca de Lugones, cogimos una senda que discurre paralela al río Nora y que en poco más de cinco minutos nos llevaría a Parque Principado.



El grupo ciclando después de sobrepasar Parque Principado.

Este lugar "emblemático" de la geografía asturiana, lo sobrepasamos por la parte de atrás y tras cruzar la carretera que da acceso al centro, nos adentramos por una serie de pequeñas carreteras que se aproximaban poco a poco hacia Lugones por el este.

Antes de llegar a esta población, abandonamos definitivamente el terreno asfaltado y comenzamos a ciclar  por una serie de pistas muy entretenidas.


Chus pedaleando a cola del grupo.

Berti y yo delante de la vara de hierba.
Debido a la gran cantidad de agua caída durante los días previos a esta salida, las pistas por las que estuvimos pedaleando se encontraban bastante mojadas, lo cual, hizo que la ruta tuviese todavía más aliciente.

Además, esto de recorrer caminos de la geografía astur, hace, que de vez en cuando, nos encontremos con algún lejano recuerdo de lo que no hace mucho tiempo era habitual en nuestros prados , pero que hoy en día casi forma parte de la cultura etnográfica.
Concretamente me estoy refiriendo a la vara de hierba que aparece en la instantánea.

Después de un buen rato recorriendo caminos de distinta dificultad y pendiente, nos acercamos al campo de golf de la Barganiza.

En esta zona, el camino discurre entre arbolado de distintas especies y a ambos lados del camino podemos ver a varias partidas de golfistas disfrutando de su deporte favorito.
Berti y Chus en "pleno ascenso" con el campo de golf contemplando
su tremendo esfuerzo.
Julia porteando la bici para vadear el riachuelo.
A partir de este momento, las pistas que nos llevaron hasta la Barganiza dejan paso a un camino estrecho, mojado y en fuerte descenso, que hace que más de uno, pose el pie mientras lo bajamos.

Este bonito camino, desemboca en un pequeño riachuelo que de no ser por "los castores" nos habría sido imposible vadear.

La verdad es que el puente se las traía. Podríamos decir que esta construcción era de troncos, si esto hubiera sido verdad. Sin embargo, no podemos decirlo, por que de lo que estaba en realidad construido era de "LEÑA". Si, digo bien. El puente era de LEÑA. y si no mirar las fotos que lo demuestran.
Pero al final no le queda más remedio.
Fernado que no se atreve a pasar je je




Julia acercándose al acuartelamiento Cabo Noval
Cuando superamos el gran problema que presentaba el pequeño riachuelo, je je, el camino discurre entre bosques de eucaliptos y después de ciclar durante un buen trayecto por senderos estrechos, volvemos de nuevo a encontrarnos con pistas muy bien acondicionadas.

Jonathan y Chus utilizando el GPS
 El laberinto de caminos se hacía, en ocasiones, difícil de seguir y, aunque llevábamos GPS en el móvil, tuvimos que recurrir, como suele ser habitual, al paisano en la cuneta, que a pesar de todo sigue siendo la mejor manera de orientarse.


Esta sucesión de pistas nos llevó hasta la urbanización de la Fresneda donde aprovechamos para descansar un poco y hacer unas fotos antes de continuar nuestra marcha hacia Lugones.

Recorriendo la parte posterior de La Fresneda.



Abandonamos esta urbanización recorriendo parte de sus calles y criticando alguna de las construcciones que las forman. Sin embargo,  más de uno, quiso hacernos creer que vivía por allí.


Tras recorrer el aparcamiento de un conocido centro comercial, nos dispusimos a atravesar las calles de la población sierense de Lugones, para acercarnos al Parque de la Acebera, que se encuentra en el barrio del Carbayu.

Parte de Ciclando Asturias en la urbanización de la Fresneda

Circulando a orillas del Nora


Una vez atravesado dicho parque, nuestras monturas circularon por la margen izquierda del río Nora durante algunos cientos de metros, para pasar luego, superando un precioso puente de piedra, a circular por su lado derecho.

Nuestra intención era dirigirnos hacia las laderas del Naranco para, cogiendo altura poco a poco, acercarnos al inicio de la Pista Finlandesa.

Ascendiendo hacia los depositos de agua del Naranco.


La subida, que al principio es bastante llevadera, se va haciendo cada vez más pendiente hasta llegar al extremo de que todos tuvimos que bajarnos de las bicicletas.

No obstante, la belleza del paisaje hizo que, a pesar de todo, resultase muy agradable este trayecto.

Fernando Penin superando las últimas rampas hacia la Pista Finlandesa



Una vez alcanzados los depósitos de agua, el camino ya es todo llano y, para llegar a Oviedo sólo nos quedaba recorrer la famosa Pista Finlandesa.

En definitiva otro buen día de MTB por los caminos asturianos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

BUSCANDO CAMINOS

Uno de los caminos que recorrimos por primera
vez que une Picayu con Siones
Muchas de las rutas que recorremos, en nuestras salidas por la naturaleza, recorren caminos que fueron descubiertos poco a poco por otros ¨intrépidos¨ ciclistas que, sin miedo a equivocarse, se aventuraron a adentrarse en ellos sin saber a donde salían y, por lo tanto, arriesgándose a tener que dar la vuelta sobre sus propios pasos.

En esta salida, decidimos hacer de exploradores a nuestra manera y nos lanzamos, en busca de un camino, que había descubierto yo la semana pasada pero que no pude recorrer en su totalidad.

Así, que a la hora indicada y en el lugar de siempre, quedamos para salir por la senda de Fuso en dirección a  Trubia y a San Andrés.

Después de hidratarnos en Caces.
De izda. a dcha. Chus, Fernando, Yo mismo, Jonathan, Laura y Berti.






La Primera parada, casi obligada para repostar agua, la hicimos en la población de Caces, donde una rica fuente nos aprovisiona, habitualmente, del líquido elemento.


El grupo estaba formado, en esta ocasión, por Chus, Fernando, Jonathan. Laura, Berti y Fernando Penin.


Por cierto Laura, bienvenida a ciclando. Esperamos contar contigo en muchas ocasiones más.

Después de sobrepasar la localidad de Trubia, pero antes de llegar a San Andrés, sale a la derecha el camino que pretendíamos recorrer y que ya conocía yo en su primera parte. Este camino, sale en franca subida hacia... según nos dijo un ¨paisano¨ unas casas particulares.

¡Menuda decepción!

No obstante, decidimos seguir con nuestro plan de buscar una ruta nueva, así que dimos media vuelta y al llegar de nuevo a Trubia, cogimos una carreterina estrecha que nos pondría, después de una fuerte subida en el pueblo de Perlin.

A partir de este desvío, entrebamos en "lo desconocido¨.
Laura y Jonathan superando las últimas rampas en Perlín.
Al llegar a Perlín echamos un vistazo a ese GPS que nunca falla (paisano en la cuneta). Tras finalizar la consulta, seguimos atravesando este bonito pueblo sin tener muy claro si continuar hacia Pintoria o seguir hacia Picayu para pasar luego a Siones.

Y..,  al llegar al cruce, dos opciones: ¨pabajo y parriba.¨. Hay que fastidiarse con los adivinos.., de dos opciones nada, aquí siempre hay sólo una... PARRIBA.

Chus y  Fernando en Picayu

A algunos ya nos llegaba la lengua a los pedales, pero no quedaba más remedio que seguir subiendo.

Pedalada tras pedalada, fuimos llegando todos a la aldea de Picayu. El día era esplendido y, después de subir un buen rato, las vistas que se abrieron a nuestros ojos eran magníficas.

De nuevo tuvimos que preguntar para seguir nuestro camino, pues cada cruce era una quimera que sólo podíamos resolver con la ayuda de algún lugareño.
El grupo en la aldea de Picayu. Al  fondo, sobre el tejado, puede
verse el GPS última generación que usamos en este enclave.
Fernando ciclando entre Picayu y Siones
A partir de aquí, entramos en una nueva dimensión.

Abandonamos los caminos asfaltados y pudimos disfrutar de verdad, de la bicicleta de montaña en toda su esencia.

El camino que acabábamos de iniciar nos llevaría, no sabíamos en cuanto tiempo, ni con que pendiente, ni con que dificultad ni con que... al pueblo de Siones.

Así , que llenos de intriga, comenzamos a pedalear.

Nada más entrar en el sendero, nos dimos cuenta de que íbamos a disfrutar un montón. La hojas tapizaban el suelo y a nuestra izquierda se abrían unas vistas preciosas sobre la zona de Caces. Podía verse el Naranco, Oviedo, el Picu del Sol, al que subimos en la concentración btt Noreña y hasta la Sierra del Sueve con los picos Pienzu y Miruenu.

Al principio el camino es estrecho y llano, pero al poco, nos damos cuenta que la dificultad técnica es mayor de la que pensábamos.  El barro nos hizo bajarnos de nuestras monturas, pues hacía que las ruedas quedaran clavadas en él y las hojas, impedían que nuestros ojos descubrieran las piedras que  ocultaban, lo que hizo que algunos de nosotros nos acercáramos demasiado al suelo je, je.

Laura acercándose a Siones.
La zona más estrecha de todo el recorrido se ciclaba sin dificultad.




El camino se hacía cada vez más estrecho y en algunos lugares parecía que la vegetación nos iba a tragar. Sin embargo, la ciclabilidad  de esta zona fue total y superamos las estrecheces sin ninguna dificultad y disfrutando del amplio paisaje que se divisaba desde las alturas.





Chus mirando hacia Trubia y Grao. Al fondo Oviedo y el Naranco.


A partir de aquí pensábamos que todo sería bajada: primero hasta Siones, luego hasta Caces, un poco más adelante hasta Las Caldas y después ya en casi llano hasta Oviedo.

Sin embargo nada más lejos de la realidad.



Rellenando las contimploras en la fuente de Siones.
Al fondo Jonathan recogiendo castañas.


Mientras repostábamos agua en Siones, se me ocurrió la idea de volver por Bueño. Así podríamos recorrer el bosque que nos acercaría a Palomar y que ya habíamos recorrido en sentido contrario.

La decisión fue un acierto, pues aunque dos semanas antes estaba precioso, ahora las hojas tapaban completamente el camino y circular por él era como hacerlo sobre una "Sinfonía de Otoño¨.


Al inicio de la  pista que va de Palomar a Bueño.
Desde aquí, un tranquilo paseo hasta Bueño para, pasando por el castillo de la Zoreda, adentrarnos de nuevo en la Senda de Fuso,  que nos llevaría, en pocos minutos, de vuelta a Oviedo.

Un magnífico día de bici DESCUBRIENDO CAMINOS.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

CICLANDO BAJO LA LLUVIA.

Mono de bici
Pues si, la verdad, ya teníamos mono de bici. Así que este domingo me levante a las 8.30 y como vi que llovía mucho  metí en el "guasap" un a dormir,  pero con la secreta esperanza de que algún miembro del grupo contestara negativamente al mensaje.

Como no hubo respuesta, media vuelta y a seguir soñando.

Pero a eso de las 9.30 llega un mensaje de Oli que propone quedar sobre las 11 al principio de la senda.

Yo no lo dudo y me pongo manos a la obra: Sacar al perro, un buen desayuno y pies sobre los pedales que nos esperan dos o tres horas de bicicleta.

Así pues, a la hora indicada aparecemos en el Parque de Invierno Oli y yo dispuestos a emprender la marcha, pues nadie más confirmó su asistencia.
A veces no crujen las hojas

Decidimos seguir la ruta de Fuso hasta San Andrés, pues aunque en el momento de salir no llovía, el cielo no presagiaba nada bueno.

Al pasar por Caces nos encontramos con un "abuelo" experto en meteorología que nos dice: "A donde vais con esti día OOOH". "Vais mojavos".

Y la verdad es que no pasaron ni cinco minutos y empezó a diluviar.

Así que cuando llegamos a Trubia llevábamos una mojadura del quince y seguía lloviendo.

Decidimos parar a techo para ver si la cosa despejaba un poco y después continuar. Y en esta ocasión la suerte estuvo de nuestro lado y pudimos seguir adelante.
Esperando a que escampara

Oli con ruedas nuevas.


Todo parecía indicar que ya no llovería más, Así que reanudamos la ciclada la mar de contentos pues habíamos dejado atrás los nubarrones más negros.

Esta vez no era yo el de la comida familiar, así que no tenía prisa por llegar a casa. Pero mi compañero de salida tenía que estar a las 2 en Oviedo por... "comida familiar" je je.



Por eso, al llegar a San Andrés decidimos seguir hasta el puente de madera que cruza por encima de la carretera y dar la vuelta por el camino que discurre por el otro lado del río.
Camino de vuelta a San Andrés entre avellanos
Ciclando entre castaños.


Las zonas boscosas presentaban un aspecto espectacular.

Las hojas de los castaños tapizaban el suelo y los árboles presentaban una mezcla de colorido que iba del verde al rojo pasando por un surtido de marrones llenos de matices. Así que no pudimos resistirnos a sacar algunas fotografías.




El río, a su paso por Trubia presentaba una crecida espectacular.
El regreso lo hicimos a toda prisa, pues la nubes indicaban la llegada de más agua y.., además alguien que iba conmigo no paraba de decir que iba a volver a llover. 

¡Vaya por Dios!. ¡Segundo adivino del día!. Nada más llegar a Las Caldas, de nuevo a jarrear. Empezamos a acelerar el paso y llegar a Oviedo  llegamos, pero la mojadura ya sólo nos la quitaba una buena ducha.

De todas formas fue un estupendo día de bicicleta en el que pudimos disfrutar el paisaje, del deporte y... de la natación.

Ánimo para el próximo finde y recordar que:

CICLAR YE DE VALIENTES.